Es sabido que la espera de un colectivo, en una fría noche solitaria, invita a la superstición, al examen de la propia conciencia, al cambio de religión y a contar las baldosas de la vereda; y qué hice yo para merecer esto, quién me mandó a esperar en este páramo, será de Dios. Hay quienes niegan el carácter decisivo que estas esperas puedan tener sobre el espíritu, arguyendo que los pesares del alma son de otra profundidad; estas personas suelen viajar en taxi.
He aquí una pequeña colección de circunstancias para leer en la parada del colectivo.
¿Tardará mucho?
La espera empieza con incertidumbre, con una interrogación de lo porvenir. Pero también, quizás, con cierta disposición a sobrellevar la adversidad, mitad por optimismo y mitad por no haber estado más de quince minutos chupando frío. Se conocen, entre otros, estos métodos de estimación del tiempo de espera, de diverso grado de confianza: “Si hay varias personas en la parada, ya debe estar por venir”, “Cada vez que prendo un pucho, viene”, “No puedo tener tanta mala suerte”.
Justo hoy que tengo que tomarme el 63, viene el 44; ¿dónde estabas ayer?
El frío y el tedio pueden hacerle creer a uno que la suerte le es decididamente opuesta. Uno se embronca con el destino que es artero, porque con ironía cruel le pone ante sí colectivos de líneas que no necesita y, lo que considera más terrible, que sí necesitó en otras esperas en las que no aparecían. Por descubrir esta maniobra cósmica en su contra, uno siente una estoica alegría que ni por un momento es manchada por la sospecha de que no está razonando bien.
¡Ahí viene! Ay, no, era una bicicleta.
Empujadas por la esperanza, las cosas se parecen a nuestros deseos: cualquier cosa es el 117. El desengaño, que puede tomar la forma de, por ejemplo, un rastrojero, en ocasiones sobreviene recién cuando el supuesto ómnibus haya pasado impetuosamente de largo, desatendiendo insultos, brazos extendidos e ilusiones. Hay quienes no admiten ese engaño de la percepción, y se empeñan en correr micros escolares a los que, a pesar de su naranja flagrante, les aseguran que son el 117 y les piden a los gritos que los dejen subir, hijos de su madre.
¿Existirá todavía la línea 111?
El paso del tiempo, que es muy hábil para derribar las convicciones, muestra todo su poder. Debilitado el espíritu y el cuerpo, uno duda de sí mismo, de todo: ¿no habrá cambiado el recorrido?, ¿este palo del que cuelga una lata de dulce de batata, será efectivamente la parada?, ¿tenía que tomarme el 111 o era el 11?, ¿existirá todavía o, acaso, habrá existido alguna vez esa línea de colectivos?
Después de todo, tampoco era tan linda.
Finalmente se llega a la resignación, que achica el peso de los destinos que esperan tras el viaje. Así, se comprende que dormir en plaza Irlanda tiene un no sé qué de aventura, o que no faltará oportunidad de que Ferro vuelva a jugar la final de la Libertadores, o que esa rubia que espera en Villa Urquiza no es tan linda ni tan buena.
Ochenta, por favor.
Rendido ante el destino, perdidas ya las esperanzas, uno se deja librado al azar. Justo en el ápice de su desdicha, divisa una luz a lo lejos. Un poquito después, la luz toma forma y colores conocidos. Y… ¡sí!, ¡es él!, ¡ahí viene! Rojo intenso: ¡36! Al fin, al fin, y cómo pude dudar de vos y yo sabía que vendrías y vuelvo a creer y juro que seré un hombre bueno.
--Hasta Plaza Flores, por favor.
--No papá, tenés que tomarte el que va para el otro lado.
domingo, diciembre 03, 2006
No viene más
Publicado en el número 2 de la revista Para Mí
Octubre de 2005
Publicado por
Ruibal
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7 comentarios:
Está genial Sania, tal cual como lo descrbis. Me gusta mucho la redacción es muy placentera. Esa mezcla de palabras justas para describir algo y esa gracia te caracteriza y hace muy agradable la lectura.
Me reí mucho! Que siga habiendo este tipo de post!
Martín, te agradezco tus palabras, que me dan el ánimo que necesito para superar este momento tan duro que me toca vivir, que me hace tan difícil seguir escribiendo: se me cayó café en el teclado.
Gran saludo.
Buenas, quiero compartirles muy importante, que cambió mi vida, la marcó para siempre... pueden creer que se acabaron en el primer día las entradas para coldplay??? Estos británicos son impresionantes!!!
Ah, eso, había que hablar del artículo... está bueno cuando uno lo lee por primera vez, pero no para los que leemos la revista habitualmente... y bue, si no era de Billiken, de algún otro lado ibas a sacar las notas...
Slds
V, me sorprende que leas la revista Para Mí habitualmente, y enfatizo la palabra "habitualmente".
Gran saludo.
a mi siempre me pasa eso, aun no me acostumbro a esta loca ciudad... y es re comico
jojo
besitos besitos
No es sorprendente cómo los astros giran siempre en el mismo sentido sin "cansarse" de hacer siempre lo mismo?
No es sorprendente que con aproximadamente 26 mil leyes en vigencia, aún no haya justicia?
No es sorprendente lo bien que uno se siente cuando viene el tan esperado bondi?
No es sorprendente que un aparatito de 10 c.m. tenga capacidad para unas 200 canciones?
La vida está llena de sorpresas,de ahí su belleza.
Slds
jojojo
muy buen post. estoy muy de acuerdo con él.
yo soy de las que viajan en colectivo (el taxi está carísimo!!)
y el 111 es ahora el 168 ex 90, no??? cómo es la vida.
lo que yo se es que el 160, a determinada hora de la noche, ya no viene. un garrón. una vez lo esperé 1 hora y media. en el medio pasó uno repleto y no paró. recuerdo irme caminando desde s ortiz y sta fe hasta mi casa, como 30 cuadras, a las 3 d ela mañana. ay ay ay
besos.
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