Las notas que encontrarán en este weblog son de naturaleza diversa, pero tienen algo en común: son aburridísimas. Sin embargo, para como está el contenido de un sitio de internet promedio hoy por hoy, no presentar agresiones ni pornografía ya es todo un mérito. Por eso, yo visitaría este sitio, que será aburrido, sí, pero que al menos no contiene agresiones ni pornografía, con la excepción de las próximas cuatro notas (ya se sabe que hay que pegar de entrada).
Hecha esa advertencia, los invito a que dejen sus comentarios, que serán un gran estímulo para mí, y serán un gran estímulo porque no los leeré; pero sepan que sus afectuosos mensajes tendrán el romántico destino de devenir en secuencias de bits codificados, almacenados en discos magnéticos.
Finalmente, quiero agradecerle a Arturo Parrilla, sin cuya amistad jamás habría tenido la idea de crear este blog. Para mejor homenajear al amigo, les contaré la anécdota de cómo me sugirió esa genial ocurrencia. Estábamos en su casa él, Ulises Leal y yo, un sábado a la noche; estábamos leyendo a Gogol, como hacíamos todos los sábados a la noche. A eso de las cuatro de la madrugada, Arturo interrumpió su lectura y nos dijo: “¿Qué hacemos un sábado a la noche reunidos en mi casa, leyendo literatura rusa? Qué estupidez”. Ulises y yo nos miramos, luego miramos a Arturo y, al unísono, los tres gritamos: “¡Somos unos imbéciles!”; nos caímos de la silla y se dibujó la onomatopeya “plop”. Así fue como nos volvimos aficionados a la bebida y el juego.
Esa no es la historia de cómo nació este blog, pero es graciosa. Bueno, está bien, no es graciosa. Digamos, simplemente, que vi un blog cualquiera y yo quise tener uno.
Gracias, vuelvan pronto.
jueves, agosto 24, 2006
Prólogo
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