Lo importante es ser uno mismo. ¿Se imaginan que pasaría si todos fuésemos el inteligente, o el honesto, o el sabio? Perderíamos nuestra identidad. Por eso yo soy el miserable que soy, un canalla sin remedio, un cruel y abyecto gusano. Es mi manera de hacer un poco mejor este mundo.
martes, octubre 17, 2006
¿Yo soy vos o vos sos yo?
viernes, octubre 06, 2006
La nave de los locos
Conozco varias personas que dicen estar locas, y, curiosamente, estoy casi seguro de que no están locas. Además, yo soy demasiado común como para conocer tantos locos: las locuras de mis conocidos no pasan de escribir k en vez de c, ponerles cuatro salsas a los panchos, bañarse todos los días o llevar permanentemente un menhir sobre la espalda. Sospecho que confunden la locura con otra cosa, y esa otra cosa no debe ser mala, porque si, por ejemplo, hoy por hoy los locos fuesen expulsados de las ciudades y confinados para siempre en barcos con destino incierto, ninguno de estos amigos hablaría con tanta liviandad, y hasta orgullo, de lo loco que está; el del menhir tal vez sí. Desde este humilde espacio –me refiero al palacio
renacentista en que me encuentro al escribir esto–, quisiera quejarme de esta locura que está de moda. (No es que me importe, pero el blog se llama “Libro de quejas” y tengo que quejarme; no sé de nada grave que ocurra en el país y merezca quejas, por eso elegí este tema.) Debemos recuperar el viejo –y negativo– significado de la palabra locura.
La primera cuestión es si estos que se hacen llamar locos lo están realmente; tengo varios argumentos para sostener que no; por mencionar uno: no encajan en la clasificación que suele hacer la psiquiatría, a saber: a) el científico loco; b) el villano loco de historieta (que también puede ser un científico); c) el loco de la motosierra; d) el loco de la motosierra y la máscara; e) el loco lindo; f) Carlos Bilardo. Podemos llamar loco a alguien que confunde a su esposa con un sombrero, pero no a alguien que usa tres veces seguidas el secador de manos de un baño público porque le gusta el aire caliente.
Aceptando, entonces, que simplemente se hacen los locos, podemos hacernos muchas preguntas, preguntas que no tienen ninguna relación con este tema y que por eso no escribiré, excepto ésta: ¿por qué se hacen los locos? Como sospechaba hace unos quince renglones, el problema es el concepto que se tiene de locura. Es posible que piensen en el loco como genio, o en el fuera de serie, el distinto, o incluso en el loco como el que es ajeno a las desagradables costumbres de sus vecinos; pero la diferencia en que piensan es en sentido positivo, superador; o tal vez no piensen en nada, sino que repiten algo que incorporaron por hipnosis (es decir, escuchando música o viendo televisión). Pero sepan que ninguna de esas condiciones llega como consecuencia de perder la cordura; más bien diría que ése es el resultado opuesto al deseado. Tomemos conciencia de que la locura no es nada simpática, y los tratamientos de que dispone la ciencia actual son aún menos simpáticos; sangrías, purgas, fricciones con mercurio, exorcismos, confesiones, reclusión en leprosarios: todo eso es lo que diría si me refiriera a los tratamientos en la edad media, pero si hablamos de la actualidad, hay que agregar a la lista duchas de agua fría. Como pueden ver, estar loco no es ningún chiste, y si bien algunos locos pueden hacernos reír, seguramente ellos no quieren hacernos reír, sino robarnos nuestro cerebro sano. 
El siguiente test le permitirá saber si usted se
hace el loco o no.
1. ¿Cree usted que es un loco bárbaro?
a) Sí.
b) No.
Resultados
» Mayoría de a: Usted se cree un loco bárbaro.
» Mayoría de b: Usted no se cree un loco bárbaro.
